Noticia de Premsa
08/10/07
font: Pedro Prieto. Diario de Ibiza Digital
A la búsqueda de la garza blanca
A pesar de que en ses Salines abundan las garcetas y garzas reales, no sucede lo mismo con las garzas blancas, ligeramente de mayor tamaño. Ayer, en las visitas guiadas organizadas para conmemorar el Día de las Aves, los aficionados pudieron ver un ejemplar entre los arbustos de los estanques, ayudados por una educadora ambiental del Parque Natural
El Día de las Aves, coordinado en España por la Sociedad Española de Ornitología, sirvió ayer de excusa para que varios aficionados se acercaran al Parque Natural de ses Salines para observar los centenares de ejemplares de diferentes especies que, con un poco de paciencia, pueden verse a simple vista o ayudados por prismáticos. El propio Parque Natural organizó dos salidas guiadas con una de las educadoras ambientales, Marta Tur, que, tras enfocar su potente catalejo hacia alguna de las aves que había por los estanques, los mostraba a los asistentes y explicaba detalles sobre las costumbres y biología de cada especie.En esta época pueden llegar a concentrarse en ses Salines cerca de 800 flamencos. Muchos de ellos están de paso pero aproximadamente la mitad se quedarán todo el invierno en la isla, explica la guía a los cinco aficionados que se sumaron al segundo turno de la excursión celebrada ayer por la mañana. A través del catalejo se puede ver como los flamencos más jóvenes aún no han adquirido su característico color rosado -son blancos y grises- porque aún no se han alimentado suficientemente con una especie de gamba roja que se cría en los estanques (la artemia salina) y que, a su vez, es señal de que el agua es de buena calidad.
Poco después, el catalejo se dirige hacia una gaviota reidora (recibe este nombre por su sonido característico, similar a unas carcajadas), que se distingue a simple vista porque tiene una mancha bajo el ojo. «Es mucho más estilizada que la gaviota común», explica Tur, que relata como, en una época del año, suele oscurecérsele el plumaje de la cabeza, lo cual da lugar a formas graciosas: «A veces parece que llevan boina o toda la cabeza negra».
A lo largo de la visita se pueden ver también numerosos chorlitejos de diferentes tipos (patinegors, pequeños y grandes) y numerosas garcetas, que se distinguen por su pequeño tamaño frente a las garzas normales y por sus «calcetines amarillos». Se echan a faltar depredadores como el águila marina, tan común hace algunos años por las costas pitiusas y que hoy sólo se encuentra en es Amunts. «Hace unos años había una por es Codolar. Era muy puntual, cada día salía a pescar a la misma hora. Una vez se acercó demasiado a un avión y perdió parte de las plumas porque se quemó. Era un ejemplar de avanzada edad y hace tiempo que le he perdido la pista», explica Tur.
Pero la estrella del Parque Natural de ses Salines son las garzas reales. De color gris, los prismáticos de los aficionados no tardan en encontrar varias de ellas con un barrido por la zona. Sin embargo, el objetivo de la visita es hallar una garza blanca, algo mayor que la real y mucho menos común en esta zona: «No suelen estar por aquí, pero esta mañana hemos visto una. A ver si la encontramos», anuncia Tur.
Hay que llegar hasta casi el final de uno de los estanques situados en el camino que sale del aparcamiento de es Cavallet para localizarla de nuevo, escondida entre unos arbustos y en disposición de pescar. Su largo cuello y su porte causan la admiración de los asistentes, a pesar de que desde el punto en que se encuentran sólo puede verse su cabeza, su largo pico amarillo y poco más. Misión cumplida.