Noticia de Premsa
15/03/05
font: Raquel Galán. Diario de Mallorca
El Centro Canino busca padrinos para sus perros
Las obras del parque de sa Riera obligan a la ONG a abandonar su recinto en la calle Jesús dentro de 15 días
Las máquinas excavadoras acechan al Centro Canino Internacional. Están casi literalmente encima de la caseta blanca, con persianas azules, situada al final de un acceso sin asfaltar transversal a la calle Jesús. La noria de la feria del Ram les observa en el cercano horizonte, mientras el bullicio formado por las obras y la circulación permanece ajeno a los animales que allí viven. Ayer había 43 perros y 37 gatos. Estarán hasta dentro de quince días, si nadie les adopta antes. O les apadrina de forma temporal. Éste es el llamamiento que hace el presidente de la entidad sin ánimo de lucro, Juan Gil. "Es importante que no traigan ningún animal más, porque nos echan, aunque sí es necesario que alguien adopte o apadrine los que tenemos".
El apadrinamiento sería hasta que la ONG encuentre un recinto provisional donde llevarlos mientras realizan las obras de acondicionamiento del centro que abrirán en es Pil·larí. "Nosotros pagaremos la comida y las vacunas. La única condición es que cuiden bien al animal que escojan temporalmente, lo saquen de paseo y que el lugar en el que viva se adapte a sus características, es decir, que no metan a un perro grande en un piso pequeño".
El tiempo corre en su contra. Están intentando ponerse en contacto con el Consell, porque la institución insular tiene un gran terreno sin utilizar cerca de Son Reus que les podría servir. "Sólo necesitamos 2.000 ó 3.000 metros cuadrados. De las jaulas provisionales y las casetas nos ocupamos nosotros", afirma Gil. La siguiente puerta a la que llamarán será el Ayuntamiento, que es quien les mete prisa para que se vayan debido a que un problema en los plazos de ejecución de las obras del parque de sa Riera ha trastocado los planes.
"Lo importante ahora es encontrar un lugar para los animales, para que no mueran en la perrera", concluye. El nuevo hogar de un perro llamado Luna será Alemania, en un piso con jardín. Sus futuros amos, Peter Zimmermann y Uwe Tomas, lo pasearon ayer un rato para irse conociendo poco a poco. Lo visitaron por primera vez el sábado. El viernes se lo llevan definitivamente. "Queríamos un perro tranquilo, porque ya tenemos uno que es muy tímido y es importante que sean parecidos, para que uno no domine al otro". Dudan que así sea por parte de Luna. Obedece sin rechistar. Va allá donde le llevan sus nuevos propietarios, después de un año en el Centro Canino Internacional.
Juan y Loli Leal ya le han puesto nombre a su recién escogido cachorro: "Trevat, porque cuando visitábamos las jaulas se ha caído en un barreño", explica su amo mientras le acaricia. Leyeron en el diario que el recinto iba a ser desalojado en breve y, como se había muerto su anterior perro, decidieron adoptar uno. Tenían pensado que el primer día sólo harían una visita, pero allí estaban, con Trevat entre sus brazos.
Pasadas las once de la mañana llega una pareja. Marga Menéndez, voluntaria desde hace 36 años, enseguida les atiende. "Para adoptar un perro tenéis que mostrar algún documento de identidad, facilitar una dirección y número de teléfono, firmar un documento y dar un donativo de 60 euros. Además, un inspector acudirá a vuestra casa para comprobar en qué condiciones vive el animal", tal como les indica. A continuación, los tres se introducen por una puerta metálica. Tras ella, estrechos pasillos con rejas y muros a media altura dividen los diferentes recintos en los que viven los canes. Algunos ladran, la mayoría no, pero todos están atentos a la nueva visita. Buscan un perro de tamaño medio, porque residen en un piso. Y Roxane se enamora de un salchicha. Sin embargo, decidirse a veces es complicado. Una hora después, aún no lo han hecho.
Del cementerio de animales que hace años ocupaba un pequeño solar junto al Centro Canino ya no queda casi nada. Sólo una treintena de lápidas, hechas con baldosas, pegadas en la pared de la caseta blanca. Dentro de muy poco tiempo, ni siquiera eso. Las máquinas excavadoras arrasarán con todo. El legado de Jane Reynolds, quien fundó esta entidad no lucrativa hace más de tres décadas, deberá trasladarse. Pero aún no saben dónde.